JESUS RISUEÑO
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“Caos y orden según Jesús Risueño”
(artículo
publicado en El Correo Gallego de 9-05-2004)
Doy con Jesús Risueño en medio de una tarde ventosa de las que tanto parecían gustarle a Giorgione, nada más apropiado para visitar el estudio de un artista. Llego a refugiarme en su lugar de trabajo en buen momento porque Jesús está a punto de concluir los preparativos para su próxima exposición en el Casino Atlántico de A Coruña. Con su estilo personal, elegante y notoriamente cultivado, va disponiendo ante mis ojos hipermétropes una docena larga de lienzos que vamos comentando uno a uno con placer creciente. Acostumbrado como estoy, como vamos estando todos, a sufrir un ambiente cultural de baratillo, donde con profunda ligereza se considera suficiente tener una idea, casi nunca original, para decidir que se es un artista, me planto sorprendido en mitad del estudio de Jesús, contemplando entre pinceles, pinturas, cuadros, estampas, planchas de grabador, tórculos y otros materiales de variedad interminable, a qué especie intelectual de la creación humana se refería Vitruvio cuando nombraba el Arte. Tanto es así, que cada vez hablo menos, procurando escuchar lo mucho que Jesús tiene que decir. Pausadamente, a su estilo, me recuerda pasajes que tenía ya medio olvidados por falta de uso, habla de esencias, de principios conceptuales, del porqué de las cosas y así, voy educando y ajustando mí retina que disfruta a cada paso con lo que contempla. Entonces caigo en la cuenta de porqué me gusta su pintura de una manera tan esencial, el arte de Jesús es un arte sobre todo desprovisto de groseras improvisaciones, es creación que procede del conocimiento y de la razón, hasta hace nada referentes esenciales del saber occidental, hoy más bien dejado a merced de la ligereza y de la más grosera tautología verbal.
Así, en ingeniosa sucesión, contemplo primero una pareja de lienzos que señalan abstraidas geografías indirectas, donde una hábil textura visual produce agradables sensaciones casi antropológicas, como si a los indios Hopi se les hubiera dado por adecentar sus moradas y convertirlas en un espacio constructivo a lo Richard Neutra. Les siguen pinturas extraordinariamente exactas, minuciosas en su concepción, que combinan muy afortunadamente pesadas formas que levitan con ligeros gestos de color que parecen pesar como cetáceos. En mi opinión, una hábil interpretación plástica de la dialéctica entre caos y orden o de cómo de aparentes caos se obtienen saludables y nuevos órdenes a través de la interacción de lo que son, en realidad, dos caras de la misma moneda; como dejó dicho Prigogine: “En situaciones alejadas del equilibrio, la materia adquiere nuevas propiedades, tales como comunicación, percepción y memoria”.
Luego, en forma de figuración discretamente expresionista, se presenta ante mí la mejor interpretación que he visto en mucho tiempo de partituras gloriosamente ancestrales, en los desnudos y homúnculos de Jesús encuentro el vocabulario fundamental del Purismo internacional y sus gloriosas curvas, procedente tal vez de su formación como arquitecto, también odaliscas de piedra en disposición caleidoscópica con un cierto guiño neoplasticista, un verdadero hallazgo que no se pueden perder, máscaras ensorianas vistas con nuevos ojos y, dispuestos en galería de retratos, unos fulanos un punto geométricos, también un tanto inquietantes y canallescos que, presumo, alguna vez acompañaron a Jesús de juerga por Dublín de paso que visitaba el estudio topográficamente reconstruido de Francis Bacon, antes o después de trasegar como es debido algunas Guinness. Pienso, entonces, que al igual que la geometría no euclidiana propone esperanzadores logros frente a otras “verdades eternas” como la física cuántica, la propuesta de Jesús Risueño aporta vivificantes vocabularios procedentes del saber más digno, interpretados ahora con maestría, personalidad y una marcada, marcadísima, precisión técnica. La emocionada contemplación de algunas planchas de grabador de su autoría, metal, madera, linóleo, piedra litográfica, me confirman la teoría, recién cumplidos los cuarenta, Jesús posee el espíritu esforzado, artesanal y generoso de un estudioso renacentista, la potencia de un clásico. Queda dicho, no se pueden perder esta exposición, es de lo mejor que se podrá contemplar en Galicia en este 2004.
Juan Granados
abril de 2004